
Autores
L.M. Sierra Murillo, J. Hernandez Borge,, M. Benitez-Cano Gamonoso, K. El Boutaibi Faiz, M.J. Antona Rodriguez, P. Iñigo Naranjo, M.T. Gomez Vizcaino, P. Cordero Montero, A. Sanz Cabrera, F.L. Marquez Perez
Introducción
Algunos trabajos han encontrado que el tromboembolismo pulmonar sin factores de riesgo (TEPI) tiene mejor pronóstico a corto plazo respecto al TEP secundario (TEPS). Nuestro objetivo ha sido comparar las principales características clínico-epidemiológicas y evolutivas entre ambos grupos de pacientes.
Metodología
Serie consecutiva de pacientes con TEP procedentes del Servicio de Neumología del H. Universitario de Badajoz (Enero 2007-Mayo 2016). Se realizó un análisis descriptivo y comparativo entre aquellos casos con TEPI y TEPS. Los pacientes fueron seguidos de forma prospectiva hasta diciembre de 2017.
Resultados
Se incluyeron 430 pacientes (de estos, un 36,9% tenían un TEPI). No encontramos diferencias entre ambos grupos respecto a edad, género, presencia de obesidad (BMI>30), EPOC, cardiopatía o hipertensión. Los pacientes con TEPI tuvieron menores puntuaciones en la escala PESI, sPESI y en la de Charlson modificada (comorbilidad alta 3,8% vs 19,6% en TEPS; p=0,0005). No existieron diferencias en la presencia de TEP previo o recurrente aunque la presencia de trombosis venosa (TVP) previa fue más frecuente en los TEPS (15,5% vs 8,8%; p=0,054). La demora diagnóstica fue superior en los TEPI (10,5 vs 8,4 días; p=0,09). Respecto a la forma de presentación, la clínica de infarto fue más frecuente en los TEPS (24,7% vs 17,6%) y la de TVP en los TEPI (34,6% vs 25,5%). La presencia de alteraciones en el EKG, radiología de tórax o ecocardiografía fue similar en ambos grupos. En los pacientes con TEPI la evidencia de TVP en ecografía fue más frecuente (56,6% vs 49,4%; p=0,16), predominando la afectación poplítea-sural (29,6% vs 17,3%). La severidad en la afectación del angioTAC fue similar en ambos grupos, así como la necesidad de ingreso en UCI o el empleo de fibrinolisis. No encontramos diferencias en las complicaciones hemorrágicas y no hemorrágicas, tanto durante el ingreso como en el seguimiento. Respecto al empleo de estudios complementarios encontramos que en los pacientes con TEPI fue mas habitual la realización de ecografía abdominal (87,4% vs 65,3%; p=0,0005) y marcadores tumorales (85,5% vs 61,3%; p=0,0005) aunque con escasa rentabilidad en ambos grupos. Respecto a la evolución, la duración del tratamiento fue superior en los TEPI encontrando un número de neoplasias similar en ambos grupos (13,1% en TEPI vs 13,2% en TEPS). La mortalidad a los 30 días fue similar en ambos grupos (3,7% en TEPS vs 2,3% en TEPI; p=NS), sin embargo, fue muy superior en los TEPS a los 3 meses (7,5% vs 2,3%; p=0,04) y al final del seguimiento (29,4% vs 8,7%; p=0,0005).
Conclusiones
1.-En nuestra experiencia mas de una tercera parte de los TEP carecen de claros factores de riesgo predisponentes. 2.-La severidad pronóstica inicial y la comorbilidad es inferior en los TEPI a pesar de no encontrar diferencias importantes en la afectación vascular o hemodinámica. 3.-La evolución a medio y largo plazo fue peor en los TEPS.